martes, 16 de septiembre de 2014

Mi primer Eugenio


Mi abuelo. 
Y su mano, siempre congelada, agarrada a la mía. 
Me ayudaba a cruzar la calle. 
Mi guardián. 
Sólo me daba la mano para cruzar. 
Siempre me daba la mano para cruzar. 

Su mano, sus manos, son su herencia en mí. Las que manipulaban las cartas en el solitario que le caracterizaba, que le colocaba de espaldas a un mundo que ojalá me pudiera explicar. Las que encendían sus puros o sostenían su whisky. "Tienes las manos de tu abuelo", y aunque me lo repitan miles de veces, y aunque su rasgo en mi memoria es el frío, a mí me invade la calidez de su recuerdo. 

Tengo grabado un sueño. Había una casa entre algunos árboles, muy verdes y frondosos, levantada a una altura considerable, con un porche de madera, no muy grande. El mar, que golpeaba las paredes de un acantilado, se encontraba unos metros más adelante de la casa. El cielo estaba un poco gris. En el porche había una mesita alta y una mecedora.

Le veo muy claramente, ahí sentado, leyendo el periódico. Me sonríe. Está muy pálido. Por primera vez, le miro y no siento ganas de llorar, sino de sonreír, sonreír mucho. Lo hago, nos abrazamos y besamos en las mejillas. Me llama "reinita" y me dice que desde allí no pierde de vista esa mochila azul que llevo siempre a la espalda. 

Desde allí. Supongo que ahí es donde le creo ahora. Supongo que no había forma de mejorar lo pasado. Me he dejado esa mochila en España, pero procuro llevar siempre algo azul para que pueda vigilarme, y asegurarse de que estoy bien. Mi guardián. Sabrá reconocerme sin ella. ¿No?

ALMU


Por favor, por mi hermano y por mí. A todos aquellos que pueden seguir yendo a comer con sus abuelos el domingo. Tenéis un tesoro: valoradlo. 

sábado, 13 de septiembre de 2014

Documental "Los olvidados de los olvidados" (La noche temática)


Hace tiempo, tuve la suerte de ver el documental "Los olvidados de los olvidados", a raíz de la recomendación que me dio la mujer que me salvó, y me salva.

Me ha marcado de por vida, por la mezcla de sensaciones que me generó y la fuerza y la potencia con que me impactó. 



Cuando estaba terminando de verlo, sin ser realmente consciente de lo que estaba viendo, rompí a llorar. Entonces me di cuenta de lo que me pasaba: mientras la pantalla me mostraba gente encadenada, siendo matada de hambre, discriminada por sus propios padres, ignorada, incomprendida, efectivamente olvidada (tanto por el resto de gente de su propio país como, por supuesto, del resto de países), yo acababa de hacer un examen aquel día. 

Un examen sobre derechos fundamentales, entre ellos, en concreto, el derecho a la vida y a la integridad física, directamente vinculados con la dignidad humana y, por tanto, de los que es titular toda persona por el simple hecho de serlo. Un examen sobre la prohibición de la tortura y su calificación como único derecho absoluto, de manera que no cabe excepción EN NINGÚN CASO a esta prohibición. 

O estallaba en una gran carcajada, o sucumbía a la pena. 

Tal y como dice el personaje central del documental, Grégoire Ahongbonon, hombre cuya calidad humana es incuestionable y admirable, "cuando oigo derechos humanos, digo que es pura comedia". Él optó por la carcajada. Y por hacer todo lo que esté en su mano para cambiar la situación. 


sábado, 6 de septiembre de 2014

Salud mental y locura son sinónimos


En "Una mente maravillosa", cuando John Nash (Russell Crowe) se tomaba las pastillas que le trataban la esquizofrenia dejaba de tener alucinaciones, pero estaba cansado, triste, sin deseo sexual (ni más ni menos que con Jennifer Connelly de esposa) y, lo que más parecía dolerle, sin la misma capacidad mental. 

Si se medicaba para tratar de curar su enfermedad, John Nash dejaba de ser una mente maravillosa. 

Pensando sobre ello desde mi mesa, me viene una pregunta a la cabeza: ¿hasta qué punto estar sano nos deja de dar vida para quitárnosla? Es un poco radical, sí, pero lo que me interesa es que esta pregunta me lleva a otra: cuando lo que debemos y lo que queremos hacer, lo que nos hace felices, no coincide, ¿cómo elegimos entre ambas cosas, y por qué?

Yo veo cruel hacernos a nosotros mismos semejante putada. Más que nada, no entiendo por qué. Y en ese debate acabamos viviendo día tras día. "Lo que quiero hacer no es lo que está bien, no es lo apropiado, me va a sentar fatal..." ¿Tan disparatado suena pensar que si es lo que quieres hacer, simplemente por eso, estará bien?

Atracarte a dulces, ponerte la ropa que te dé la gana (o ninguna), fumar, beber, domingos en pijama, bailar o cantar por la calle... Humanidad, al fin y al cabo.

Llega un punto en que elegir constantemente lo que debes antes de lo que quieres, supone una represión: reprimir tu instinto, tu necesidad, tu naturaleza. Entonces, nos volvemos amos de nosotros mismos, y somos nuestro propio esclavo. Pero es que luego queremos libertad, y somos los primeros que nos la quitamos. Por costumbre, por hábito, porque es "lo correcto". 
¿Con qué derecho pedimos después ser libres? ¿Por qué buscamos culpa en los demás por esa frustración que sentimos si nos la causamos cada uno de nosotros?

Hace tiempo que dejamos de preocuparnos por la superviviencia... Bueno, que deberíamos de habernos dejado de preocupar por ella. Igual vivir estando cuerdo no es exactamente vivir. Si estar enfermo es estar loco, o significa vivir menos, pero feliz, quizá merece la pena. A lo mejor estar feliz sin miedo a no hacer lo que conviene es lo que de verdad te da salud... Vida seguro que te da; no de la que se mide en tiempo, pero sí de la del vello del brazo erizado, piel de gallina, sonrisas y carcajadas, o besos y abrazos. De los largos y ricos. 

Como dicen en "Martín (Hache)" no creo que alguien que es capaz de vivir como piensa sea un mal ejemplo. El personaje que lo dice bebe, se droga, vive en habitaciones de hoteles y tiene una vida sexual "ajetreada". Dice lo que se le pasa por la cabeza en cuanto se le pasa por la cabeza, y siempre es la verdad. Si eres gilipollas te lo dice. Y si te ama, también te lo dice. Puede incluso que te las diga a la vez. Pero la franqueza se ha convertido en una locura por el pavor que sentimos ante la realidad que tenemos frente a nuestras narices y no nos da la gana aceptar. Elegimos ser esclavos de nuestras mentiras... 

Yo quiero estar loca, decir la verdad y no tener miedo... Y creo que verlo posible es el primer paso para conseguirlo.

Y porque no me perdonaría en la vida decir algo de "Una mente maravillosa" sin mencionar el literally breathtaking discurso final, cuando John Nash recibe el Nobel, aunque no tenga nada que ver con el tema, me despido cerrando la entrada con su vídeo y sus maravillosas palabras:



Siempre he creído en los números. En las ecuaciones y la lógica que llevan a la razón. Pero, después de una vida de búsqueda me digo, ¿Qué es la lógica? ¿Quién decide la razón? He buscado a través de lo físico, lo metafísico, lo delirante, … y vuelta a empezar. Y he hecho el descubrimiento más importante de mi carrera, el más importante de mi vida. Sólo en las misteriosas ecuaciones del amor puede encontrarse alguna lógica. Estoy aquí esta noche gracias a ti. Tú 
eres mi única razón de ser. Eres todas mis razones.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Cada día


Por estar cada uno donde tenemos y queremos estar, este 28 de agosto andamos todos en un lugar diferente. Y quién diría que el responsable trabajador sería Geni… (Pues quien no te conoce bien, por supuesto). Ni mamá ni yo podemos darte un abrazo, ni tú a papá puedes intentar darle un apretón de manos, ni yo puedo darle uno de los dos besos que papá me deja darle por año; de nuevo, no podemos ni comer ni cenar los 4 juntos el día de vuestro cumpleaños. 

Sin embargo puede que nunca hayamos estado tan unidos. Se nos notan a todos los años ya, y la madurez nos ha traído la conexión que creo antes nos faltaba; ahora nos puede separar el Atlántico, otra vez, y jamás me he sentido tan cerca de vosotros.

Lo dije el año pasado, lo vuelvo a decir, y lo seguiré diciendo siempre: mis Genis, mi padre y mi hermano, sois los hombres de mi vida. Cada día, hacéis reír a cualquiera que os crucéis. Cada día que pasa y que nos hace crecer aprecio más cómo sois, lo que sois, y cómo dejáis una huella en el mundo de la que toda persona debería ser testigo. Cada día. Papá en silencio y tú a grito pelado hacéis que todo el maldito planeta recuerde un apellido: De Grado.

Aquí ya no sé cuántas veces he tenido que decirlo y deletrearlo: - Votre nom de famille? + De Grado, D-E-(espace)-G-R-A-D-O. Y que esté bien escrito y bien clarito. Pertenezco a esta familia que estos dos hombres engrandecen cada día (familia que no sería nada sin los ROMERO, obviamente).

Puede que todas estas palabras suenen soberbias y orgullosas, pero perdonádmelo (o ajo y agua): me es imposible no hablar así de mi familia, sobre todo estando tan lejos, e incluso más en este día, 28 de agosto. No es casualidad que mi padre y mi hermano nacieran el mismo día, no lo es en absoluto. Para mí desde luego no lo es: dos Eugenios, dos 28s de agosto, dos ingenieros de minas, un regalo. En 1958 y en 1989, ese día el regalo fuisteis vosotros. Desde entonces lo seguís siendo los otros 364 días. Cada día.

Tú y papá, cada uno a su manera en medios pero llegando al mismo fin, os convertís cada día en un ejemplo a seguir. Simplemente, sois dos personas que sé que nunca me vais a decepcionar. Y en un mundo muchas veces tan carente de esperanzas, vosotros para mí sois fe. Sois ese: “Joder, qué dura es la vida, pero cómo merece la pena.”

Lo que me siento capaz de hacer por vosotros, lo que daría por vosotros y lo que le haría a quien os ha hecho u os haga daño no puedo explicarlo con palabras porque no las hay. Y cada día es más difícil porque cada día os quiero más y más. Y más.


En realidad no hace falta que sea 28 de agosto para saber esto, para recordar esto, para sentir esto (de hecho aquí aún es 27). Ni hace falta irse a Montréal para descubrirlo. El caso es que hoy es 28 de agosto, yo estoy en Montréal y siento todo esto, aunque, en el fondo, sólo quería decir: feliz cumpleaños papá, feliz cumpleaños hermano; os echo de menos y os quiero con todo mi corazón, cada día.

(No es su cumple, pero a mi mamá también la echo de menos y la quiero con todo mi corazón cada día.)

Ésta por mi hermano:

You deserve real love.

Tears in the rain - The Weeknd



Y ésta por mi papá:

You, soft and only. 
You, lost and lonely.
You, strange as angels, 
dancing in the deepest oceans, twisting in the water,
you're just like a dream. 

Just like heaven - The Cure


jueves, 21 de agosto de 2014

WATERPOLO: no es sólo un deporte.


En "El curioso caso de Benjamin Button" se escucha esta frase: 

La vida no se mide en minutos, sino en momentos.

Yo entiendo esos momentos como los que se te graban en la mente para siempre, los que te ponen la piel de gallina, los que aceleran el ritmo del corazón y los que te hacen pensar "esto se lo contaré a mis nietos". Cuando tiemblas, cuando no controlas tu risa o tus lágrimas, cuando parece que no hay suelo bajo tus pies, cuando sientes que flotas... como en la piscina. 




Poca gente sabrá de lo que hablo, pero quien lo haga probablemente sienta la necesidad de dar las gracias por el puto momento en que se le ocurrió apuntarse a waterpolo. Ese bendito momento, que traerá todos los que miden su vida y la medirán. 

El primer día que llegas a la piscina no te figuras lo que vas a sufrir, lo que te va a doler, el frío que vas a pasar, lo que vas a llorar, lo que te vas a cagar en todo, lo que cansa, los gilipollas que te vas a encontrar, lo que pica el odioso cloro y lo aburridísimo que puede llegar a ser nadar (el waterpolista jamás entenderá cómo a la gente le puede gustar...). 

Tampoco te imaginas lo muchísimo que te vas a reír, los sitios que vas a conocer, lo fácil y rápido que te vas a acostumbrar, las personas magníficas y extraordinarias con quienes tendrás el lujo de compartir aunque sea un instante, lo grande que te vas a sentir, lo que desestresa chutar, lo placentero que puede llegar a ser escuchar "fuera gafas", lo que vas a disfrutar aprendiendo de quien sabe y de quien no, y lo que lo vas a echar de menos y lo vacío que te vas a sentir cuando te falte.

Jamás se te ocurriría que este "deporte" te enseñaría lo que es el compromiso natural, instintivo, que a veces roza el masoquismo. La de veces que te vas a plantear dejarlo y la de veces que te vas a contestar: "no te lo crees ni tú; ¿qué mierdas eres sin waterpolo?". 

Pues eso eres, un mierdas. Porque este "deporte" nos ha hecho, nos ha construido y nos ha quitado la vida para dárnosla de otra forma. Nuestra personalidad, nuestras reacciones, nuestra manera de emprender cualquier tarea está determinada porque el waterpolo nos ha enseñado que te van a llover palos por todos lados y lo que hay que hacer es seguir de pie, luchar porque no te den, o porque, aunque te den, no te caigas, y que pase lo que pase, llegues a tu meta, porque si quieres, si te esfuerzas, puedes. Siempre. 

Hemos aprendido que el éxito cuesta, pero que no es inalcanzable. Porque sabemos en qué consiste de verdad el éxito. Nos ha inculcado como valores esenciales la constancia y el sacrificio, y por eso no nos cabe en la cabeza salir a la calle y encontrarnos tanta falta de ambición, de lucha y de pasión. 




Cada sensación se multiplica por mil, y aunque un fallo sepa a fracaso amargo y doloroso, nos recuperamos ipso facto y vamos como locos a redimirnos, porque de la misma forma, un simple acierto nos sabe a deliciosa gloria. Y eso viene de tanto esfuerzo. Es el claro ejemplo de las segundas oportunidades: hemos aprendido por experiencia que, la mayoría de las veces, el cuándo es el final depende sólo de ti mismo; el momento en que algo acaba lo eliges tú.

Muchas veces queremos rendirnos, muchas veces es realmente insoportable tener que esforzarte tantísimo con tan poca recompensa, si es que la hay. Hasta que nos acordamos de que la recompensa está en ese sacrificio que somos capaces de hacer día tras día. Y entonces nos sentimos como héroes. 

No es hacer ejercicio. No es un hobby. No es sólo un deporte. 

Es la base, es nuestra esencia. Lo que llevamos allí donde vamos porque es lo que somos. La sangre que corre por nuestras venas. 

Nuestra galaxia, nuestra droga, nuestra perdición.



ALMU



If it makes you lose yourself, then it's worth it.

martes, 19 de agosto de 2014

"I'm back."

¡Hola! 

Por fin me pongo y recupero mi blog. Y lo hago ni más ni menos que desde la increíble ciudad de Montréal. Qué suerte tengo. Porque si de algo me he dado cuenta en estos últimos meses es de la suerte que tengo: por dónde estoy ahora y por dónde estaba antes. Será la "M" de maravilloso... Chiste fácil...


Así que de nuevo me zambullo en el proyecto que empecé y Blogger me quitó (o me quité yo, demostrando así mi dominio sobre la informática), que no, no es un blog, sino el proyecto persona: esa tarea que nunca acaba y que se consigue no consiguiéndolo. 

Publicaré entradas del anterior blog, que creo está desaparecido, y por supuesto nuevas. 

Espero que os guste :)

Echando de menos Madrid y enamorándome de Montréal,

ALMU